Otro millón

La consigna en el taller decía: "Un hombre en Mar del Plata va al casino y gana un millón. Esa noche se suicida."

Así que al fin ganaste. Supongo que te felicito ¿Cuánto ganaste? ¿Un millón? ¿Y qué se siente ganar un millón? Anduve por el casino de Mar del Plata más bien acompañando, nunca por interés propio. Me conocés, sabés que no correspondo ese tipo de juegos. Pero sí es de mi interés el que ganaras. Así que quiero aprovechar esta oportunidad y nuestro antecedente de amistad, para hablar y que me ilumines con los pormenores de este fenómeno. Espero me ayudes a esclarecer algunas cosas que no llego a dilucidar por mi propia observación.
Primero permitime expresar mi fascinación ante este hecho: el alea dictaminó que ese premio fuera para vos. De entre la millonada de personas que habita Mar del Plata en esta época del año, te tocó a vos. Y por eso estoy acá en definitiva, conversando, acá en esta amplia habitación con vetas de oro líquido en las columnas, con columnas desde ya ¿Vos seguís haciendo esas excursiones a la cordillera? ¿Seguís en el jeep de tu viejo? Es que hace unos días me pareció verte con uno bastante más moderno, casi futurista, ja.
Ah esas excursiones, cómo les gustaban esas cosas a nuestros viejos. Yo recuerdo las vacaciones en Chascomús o en Río Negro. Creo que si no hubiera sido por tu familia, no habría tenido esas experiencias en mi tierna infancia. Mientras todos venían a vacacionar acá, nosotros nos rajábamos para cualquier otro lado. Vos viste lo que es esto en vacaciones y cada vez peor. Las calles estalladas del gentío, incluso el casino tiene una muchedumbre queriendo entrar a hacerse millonaria. Hemos hablado ya de esta masa de gente entre la que se vuelve imposible distinguir explotadores y explotados. La última vez hace ya tanto ¿te acordás lo ardiente que fue esa charla?
Acá estás, en definitiva, yo te discuto y desaparezco y vos… discutir nunca fue lo tuyo ¿no? Más bien apuntar con el dedo y realizar tu deseo. No, no voy a cuestionar tu victoria en ¿qué juego era? Nah, dejá, no me interesa si fue la ruleta o el tragamonedas o qué sé yo. No creo que hayas hecho trampa, me gusta pensar que realmente el azar te eligió. Podría decir que el azar te eligió siempre pero no es así como funciona la suerte. El azar, el alea o la suerte son en sí términos neutros. Son la explicación para no tener que explicar lo inverosímil. Sirven para explicar las desgracias también.
Estas gentes que podés ver a través de tus ventanales enormes de mansión del XIX, estas gentes viven convencidos de que les tocó la mala carta. Cuántas veces te escuché decir que no trabajan como corresponde y que por eso no viven mejor. Y vos, vos sabés los negocios que hacés, sabés el trabajo que hacés ¿Te acordás cómo laburaba mi viejo con el tuyo? Para el tuyo, debería decir.
Sí, después de no vernos más y que se marchitara esa gran amistad que teníamos, investigué mis sospechas. Me hubiera gustado resolverlas hablando pero no parecías muy dispuesto a ir a fondo con la conversación. Entiendo que tuviéramos que distanciarnos y respirar uno del otro, he sido siempre muy visceral hablando y pude entender después que no es la mejor manera de conectar si lo que se quiere es tocar el corazón del otro. Hay que medirse y considerar la sensibilidad del otro al momento de elegir las palabras que expresarán nuestras ideas. Hablemos pues…


En las calles, los periodistas esperaban entrevistar al multimillonario ganador de otro millón. A quién vieron salir de la mansión fue un señor vestido con una remera de algodón, un pantalón de jean ajado y una campera negra, gris por el desgaste de años. Llevaba las manos en los bolsillos y se detuvo ante las cámaras y los micrófonos:

‒...quien ustedes buscan eligió la muerte–. Dicho esto, se abrió paso hacia las calles.

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