Después
Waw está un poco cambiado este lugar. Trato de acordarme de cómo hacía para estar acá y trato de acordarme de más atrás, de cuándo empecé, de por qué empecé. No lo logro. No encuentro nada. Como si la memoria fuese un pantano... pero qué digo, qué sé yo lo que es un pantano. Como si fuera un lodazal... bueno, claramente es muy espesa la memoria y el esfuerzo de apartar esa materia espesa para ver más allá es el que siento en el cuerpo cuando trato de recordar. También ocurre lo otro, lo que ocurre cuando uno hace mucho esfuerzo, que está leyendo con la intuición del cuerpo la fuerza que se le está oponiendo. Es así, si levantás algo pesado estás sabiendo en ese momento que lo que pesa pesa tanto como el esfuerzo que estás haciendo. El esfuerzo por recordar me demuestra que la espesura no me va a largar sin pelea.
No siento mi cuerpo fuerte para dar esa pelea.
Siento que hay algo pendiente en el pasado, alguien que me está esperando. Sería interesante visitar algunos lugares, este es uno pero no alcanza con entrar ¿Recuerdan fotolog? A ese va a ser imposible llegar ya. Incluso habían dos o tres, uno de terra, otro que era en sí mismo fotolog y alguno más. No me perdí de estar en cada uno, siempre corriendo de atrás... no a la moda, sino a las personas que habitaban esos lugares. Por allá hay un tumblr, traté de subir algo interesante a 9gag y con la vara tan baja tampoco logré nada. Quizás nunca supe realmente para qué hacía todo eso. Creo que nunca tuve una motivación real, que siempre se trató de lo mismo: estar donde estuviera la gente.
No soy un escritor, tengo que repetirme. No soy las muchas cosas que creí ser. Fui muchas de las cosas que creí que estaba evitando ser.
Me evado de la responsabilidad asumiendo que nadie me ve ni busca verme, nadie me lee ni busca leerme, y entonces está claro que buscaba eso, ser visto y leído por el motivo que fuera pero entendí muy bien que lo importante no estaría en mí sino en lo que yo estuviera ofreciendo.
Y fallé.
Coexistí con esa falla toda la vida que recuerdo.
Si me entusiasmaba demasiado con algo, lo sabía porque sentía cómo mi pecho inflado se chocaba contra la coraza. Miraba hacia abajo y le daba unos golpecitos y recordaba que ese entusiasmo estaba olvidando la verdadera razón, que solamente buscaba atención y que se volvería una atención vil cuando se descubriera que todo era una farsa. Que detrás de las grandes palabras no había una gran verdad sino un gran vacío de sentido y que detrás de ese vacío de sentido me encontrarían a mí, riendo avergonzado y esperando el sopapo de la indiferencia.
Entiendo que hay un valor honesto en expresar las experiencias de la vida y que estas cosas lo son y abusé de ese entendimiento. Yo nunca supe expresar experiencias de la vida que no fueran esta paja mental de reflexionar reflexiones. Las experiencias de la vida, las que yo tuve, las viví como molestias, como demoras, como retrasos y distracciones, como exigencias ajenas y alienantes. Y ya no estoy chiquito. Nunca me sentí chiquito pero ya no estoy chiquito.
Parece que buscara una razón para llorar, tengo un hogar que me alimenta sin que tenga que mover un dedo y busco una razón para llorar.
Quizás es la depresión, quizás es la ansiedad, pero me cuesta entender que no sea una parte indisoluble de mí y lo que más quiero es ser yo.
Quizás tengo miedo de ser yo. Esto tampoco es nuevo.
Alguna vez me planteé y hasta no hace mucho, que tal vez tengo miedo de darme rienda y ser un éxito porque se volvería algo que realmente no podría controlar, pero no creo haberme creído ese cuento nunca. Nunca estuve ni cerca de un éxito desmesurado, aunque "un éxito que no pudiera controlar" podría ser una pequeña cosa bien hecha que ya se me saldría de control.
Es eso, claramente, el control. El manejo, según mi exclusiva voluntad, de todas las consecuencias. Y si el deseo es sexual, si el deseo es heterosexual, es asquerosamente machista por mucho que esquive las expresiones más típicas del sexismo, porque las personas se vuelven objeto de mi deseo y objetivo de mi control.
Había que aislarme de verdad para que estas cosas tuvieran sentido, gracias pandemia. Quizás deberían haberme metido preso así como meten presos a los usureros o los ladrones, porque no he sido un asesino. Siempre traté de normalizar mis sentimientos, mi experiencia, pero es un error. No importa cuánta gente juegue los juegos que juego yo, mi experiencia es la mía. No importa cuánta gente viaje en tren, el viaje que hago yo es diferente.
También lo pensé mucho eso, las singularidades son irrepetibles, las personas viven todas una experiencia única e irrepetible y en eso es en lo único en lo que se parecen. Pero estos términos no se usan para hablar a tan minucioso nivel, a groso modo sí pueden compararse algunas experiencias y sí puede compararse mi experiencia a la de alguien y sí sé que ese alguien es alguien que yo no quería ser. Pero lo soy.
Pero además de querer ser una cosa u otra, que no las hubo, no quise cosas, las negué todas relativamente a tiempo para no andarme desilusionando, al menos no de eso. Además de querer ser, quise tener. Y tuve...
Tuve juguetes, tuve chiches, tuvo juegos, tuve películas, tuve libros... tuve novias, tuve amigos, tuve familia... y al igual que los chiches y que las cosas en general, no supe aprovechar lo que tuve. No supe divertirme con los juguetes ni aunque jugara, no supe apreciar las películas ni aunque las viera. No supe apreciar los libros mientras los leía ¿o sí? Algunas experiencias fueron tan íntimas que no las sé ni yo hoy. Tampoco supe aprovechar que tuve amigos, que los tengo pero los tengo igual que los tuve, los tengo desaprovechados. No los sé escuchar, no los sé acompañar, no sé divertirme con ellos, no sé hablar con ellos, no sé compartirme con ellos.
No supe ser feliz cuando mis compañeras eran felices a mi lado si es que lo fueron. Alguna vez di por hecho, aquí mismo, que no había habido amor y me contestó que para ella sí y me quedé "pedaleando en el aire". No estuve nunca a la altura de los padecimientos que sufrían y no debí nunca haberme involucrado sin estar justamente dispuesto. No supe ACABAR cuando cogía.
Cuánto hace ya.
Cuánto hace que no transo, cuánto hace que no me cruzo a un amigo (vi a un par hace poco), cuánto hace que no tengo un momento honesto con alguien.
Cuánto hace que no leo absorbido por la lectura.
Cuánto hace que no escribo con ganas de inventar algo.
Cuánto hace que no me divierto en serio.
Cuánto hace que no existo.
Cuánto hace que no existo.
Después... ¿qué importa el después?
Por supuesto que copié y pegué en otra red
ResponderBorrar