Las muchedumbres de América
En el taller nos dieron nuevos títulos hasta alcanzar los cincuenta. El cuarto fue Las muchedumbres de América
La reina observaba los barcos abandonar las costas de su tierra, una tierra hecha de costas. Los barcos no serían bienvenidos de regreso, su destino estaba al frente, más allá del Atlántico. La tierra que habitarían era vasta y, sin posibilidad de retorno, la astucia marcó los procesos diplomáticos. Los anfitriones les observaron llegar, rarezas de más allá del horizonte. Los anfitriones les recibieron con cálidas miradas que inspeccionaban los ojos de los visitantes, los rostros que portaban humanos con historias. Los recién llegados tomaron las manos que les tendían y observaron la tierra que ensuciaba esas manos, gruesos granos de tierra marrón, de tierra fértil y poderosa como la carne de esas manos. Agradecieron. Era el destino. El sol se ponía tras las Rocallosas.
El sol que asomó al este, asomó rojo el sol. El sol corrió a saltos por los meridianos llevando las noticias pero pocos sabían interpretar al sol. El sur guerrero había perdido y ese sol anunciaba noticias viejas, veían alzarse a un enemigo de enemigos pero nunca estaría ni más cerca de ser amigo. La tierra larga, la extensa Pachamama, había sido irremediablemente profanada de sus encantos pero nunca lograrían despojarla del poder latente que portaba. Con los años, las montañas fueron allanadas y las llanuras, socavadas. Con los años llovieron agujas del cielo que calaron las pieles de los saqueadores del sur y tironeaban comandos desde el norte.
El destino se realizaba. El mundo se desintegraba. La Pachamama despertó. Los hilos que se inmiscuían en las carnes desde el norte comenzaron a pudrirse porque la sangre que bañaba a las carnes descubrió el poder de corroer esos hilos. Las muchedumbres de América sintieron sus carnes arder con la culpa de sus crímenes pasados y el poder con que la Pachamama las llamaba al frente. No habrá enmiendo para el tiempo perdido pero las deudas se saldan a sangre y fuego. No hay tierra que salvar, tampoco hay perdón para los traidores, ni muralla que contenga el avance de las muchedumbres de América unidas.
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